La pasiva refleja: errores y recomendaciones

La estructura de pasiva con “se” o pasiva refleja es muy utilizada en castellano, bastante más que la pasiva perifrástica o pasiva convencional, formada con el auxiliar “ser” y el participio correspondiente.

Así, es más probable encontrar enunciados como Se recibieron muchos regalos” que Fueron recibidos muchos regalos, expresión correcta, pero que cualquier usuario del castellano percibiría como anómala.

Existen, por otra parte, otras construcciones con “se” que facilitan la presencia de errores. Hablamos de las oraciones impersonales con “se” (Se come bien aquí, Se agredió al periodista), de las reflexivas (Ella se hizo la cena) así como de frases con verbos pronominales (Se dedica al teatro, Se fue a las siete).

Errores derivados del cruce entre las estructuras de pasiva refleja y la impersonal con “se”

El error más frecuente es el que consiste en cruzar la estructura de pasiva refleja con la de impersonal con “se”. En ocasiones, podemos elegir entre estas dos posibilidades para comunicar el mismo significado. Veamos un ejemplo:

Cada cuatro años se elige a los concejales
Cada cuatro años se eligen los concejales

La primera es impersonal activa transitiva, también llamada impersonal refleja, con el verbo en singular. La segunda es pasiva refleja, y en ella “los concejales” funciona como sujeto paciente. Ahora bien, la segunda puede resultar ambigua, porque podría interpretarse también como recíproca: los concejales se eligen entre sí; por ello es más recomendable la primera: Cada cuatro años se elige a los concejales.

Lo inadmisible es cruzar ambas estructuras, algo que ocurre con frecuencia y da lugar a expresiones agramaticales como las que se recogen en los textos siguientes:

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Lo correcto habría sido:

Se ha detenido a siete personas
Que no se excluya a los titulados en Biología
Se elegirá a todos los cargos de dirección
Se convoca a las partes
Se sobornó a cuatro representantes

 

Las pasivas reflejas con complemento agente

Las oraciones pasivas, especialmente las formadas con ser + participio, pueden contar con complemento agente: Los regalos fueron enviados por sus familiares. Sin embargo, no se recomienda la presencia de este complemento en las pasivas reflejas, por muy extendida que esté esta práctica en los textos de los ámbitos judicial y administrativo (Se solicitaron nuevas pruebas por el fiscal). Esta recomendación figura claramente recogida en el estudio, muy recomendable, llevado a cabo por la “Comisión para la modernización del lenguaje jurídico”, coordinado por Estrella Montolío Durán. En ocasiones, como puede verse en los ejemplos siguientes, la preposición “por” es sustituida por locución “por parte de”:

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No podemos decir que el uso de la pasiva sea incorrecto en estos casos. Pero es evidente que la formulación en voz activa, con el sujeto por delante, facilitaría la lectura:

-A pesar de que algunas fuerzas políticas han insistido…
-Distintos miembros de la Comisión presentaron diversas alegaciones
-La persona responsable del establecimiento dio a conocer los hechos
-El representante de la zona pirenaica y de Adecana volvió a solicitar

 

Recomendación final para un lenguaje más llano

Todos los manuales de estilo recomiendan no abusar de las estructuras pasivas. Tanto los libros de estilo de los periódicos como los manuales de lenguaje llano dirigidos a las personas que trabajan en la Administración Pública insisten en lo mismo. La explicación de esta insistencia es fácil: está comprobado que el abuso de estructuras de pasiva es un factor que añade dificultad a los textos. Es decir, aquellos textos en los que se abusa de la pasiva resultan más difíciles de entender para los destinatarios, entre otras razones, porque en ellos se tiende a ocultar el sujeto.

Errores de concordancia

Se dan muchos errores de concordancia que solo son explicables por descuido y falta de revisión. Son errores de concordancia de número, de género o de ambos entre el sujeto y el verbo, entre el complemento directo y su complemento predicativo, así como entre un sustantivo y el adjetivo o un participio, y entre el relativo y su antecedente.

1. Concordancia entre el sujeto y el verbo

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El sujeto está en plural (las peñas), luego los verbos refuerza y salva deben ir en plural. Tal vez en este caso la anteposición de los verbos haya confundido al redactor. Este orden también es natural en castellano y no debe modificar la concordancia.

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Un sujeto plural (cuatro de cada diez personas) exige un verbo en plural. Es interesante observar que la gran distancia entre el sujeto y el verbo ha podido ser decisiva en el error. Algo similar ocurre en el ejemplo siguiente: (Las discrepancias / *ha desembocado):

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2. Concordancia entre el complemento directo y su complemento predicativo

No es fácil encontrar errores de concordancia entre el sujeto y el complemento predicativo (Ella recibió contenta su premio), pero no son raros entre el complemento directo y su complemento predicativo:

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En los cinco ejemplos se da una coincidencia: el predicativo está antepuesto, es decir, figura antes la palabra o expresión que debe concordar (culpable, sostenible, permitido, ciegos y censadas) que la que condiciona el género o el número (Los acusados, las pensiones, la entrada, trece personas y negocios). Si no hay una relectura cuidadosa, el error permanece.

3. Otros problemas de concordancia

-Secuencia formada por un sustantivo femenino y otro masculino, que exige un adjetivo masculino: las actuaciones y los ejes de acción *relativas.

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-Sustantivo en plural acompañado por dos adjetivos en singular: partidos/ *más completo y vistoso.

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-Antecedente femenino seguido de un relativo masculino: nueve viviendas /*en los que… En este caso, como ya se ha visto antes, la distancia anómala entre el antecedente y el relativo ha favorecido el error de concordancia.

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-Para terminar, un error cada vez más consolidado, hasta el punto de que suele pasar desapercibido a escritores y correctores. Es el consistente en usar el pronombre personal le, singular, en función de complemento indirecto, en lugar de les, cuando el elemento sustituido es plural: DorándoLE la píldora a nuestroS verdugoS:

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Ninguno de estos casos debería ofrecer dudas a quienes escriben. Los errores no son resultado del desconocimiento sino del descuido y de la falta de revisión.

Frases más cortas: textos más claros (3)

La tendencia a la redacción de frases muy largas no solo se observa en el lenguaje administrativo (véase entrada anterior). Es muy habitual en los textos periodísticos y se da por la misma razón: el empeño en decirlo todo en una frase. Como si la colocación de uno o varios puntos y seguido fuera a poner en peligro la unidad de sentido.

El texto siguiente es el primer párrafo de una noticia aparecida hace unos días en el Diario de Noticias, de Navarra:

PAMPLONA – El atestado elaborado por la Policía Municipal de Pamplona relativo al atropello mortal en el barrio de San Juan de Pamplona, hace casi un mes, del joven de 22 años Emilio Rekalde Proaño, estudiante de Publicidad en la Universidad de Navarra, concluye que después de la inspección ocular del lugar de los hechos, de las manifestaciones verbales de los testigos, las lesiones que apreciaba la víctima y los restos de daños apreciados en el vehículo del conductor imputado se deduce que el atropello pudo producirse cuando la víctima se encontraba en la calzada junto a una chica y que el conductor del vehículo no se percató de la presencia de los dos jóvenes en su camino.

Además de la extensión exagerada (117 palabras), hay varios factores en este texto que dificultan la lectura. Me refiero, en primer lugar, a la distancia anómala entre palabras estrechamente relacionadas: atropello mortal / del joven de 22 años Emilio Rekalde Proaño. Lo esperable es que del joven de 22 años E.R.P. vaya justo a continuación de la expresión atropello mortal, a la que complementa. Una redacción mucho más lógica y clara es esta: …relativo al atropello mortal del joven de 22 años Emilio Rekalde Proaño, ocurrido en el barrio de San Juan de Pamplona, hace casi un mes. También es exagerada la distancia entre las dos palabras que funcionan como núcleos del sujeto y del predicado: atestado y concluye. Cuando leemos el verbo concluye tenemos que volver atrás para identificar el sujeto al que se refiere.

En segundo lugar, la redacción del resto del párrafo resulta confusa. No tiene sentido emplear la expresión después de para encabezar esa serie extraña de cuatro elementos: inspección ocular, manifestaciones verbales, las lesiones y restos de daños. Suponemos que quiere decir algo así como que si se tienen en cuenta estos elementos... Llama la atención por incorrecta la expresión las lesiones que apreciaba la víctima.

Propongo una redacción más clara y legible:

La Policía Municipal de Pamplona ha dado a conocer el atestado relativo al atropello mortal ocurrido hace casi un mes en el barrio de San Juan, de Pamplona. La víctima fue el joven de 22 años Emilio Rekalde Proaño, estudiante de Publicidad en la Universidad de Navarra. En el atestado se tienen en cuenta la inspección ocular del lugar de los hechos, las declaraciones de los testigos, las lesiones que sufrió la víctima y los daños del vehículo del conductor. De todo ello se concluye que la víctima se encontraba en la calzada junto a una chica y que el conductor no se percató de la presencia de los dos jóvenes.

Lo que era una sola frase ahora son cuatro. Teníamos un párrafo largo, confuso, con errores y poco legible. Ahora es un texto formado por cuatro frases, correcto y mucho más legible.

“DECIR QUE” ya ha pasado al lenguaje escrito. ¿Triunfará?

Tenía que llegar a la lengua escrita y ha llegado. Lleva tiempo en boca de periodistas, tertulianos, presentadores de conferenciantes, conferenciantes…

Da la impresión de que una intervención oral formal no está completa, no es redonda si falta un “decir que”, estructura claramente incorrecta, en la que se ha suprimido el verbo principal: “quiero decir”, debo decir”. Es una estructura que, en ocasiones, puede solventarse con la simple supresión. Se dice y ya está. Así, una frase como “Decir finalmente que el autor ha recibido varios premios importantes”, quedará perfecta de este modo: “Finalmente, el autor ha recibido varios premios importantes”.

No me había encontrado con este fenómeno en textos escritos hasta hace un par de meses.  Pero el 24 de junio recibí la siguiente comunicación del Ayuntamiento de Pamplona:

Buenos días,
Hemos recibido en este departamento solicitud de cambio de domiciliación bancaria vía registro presencial a nombre de PEDRO JIMENO.
Dicho cambio de domiciliación  bancaria ya ha sido realizado.
Comentarle que el recibo de contribución de este primer semestre del 2015 no ha sido modificado y se envía a la cuenta antigua ya que el último día para que el cambio incluyera el presente recibo fue el pasado 19 de junio.
El último día de pago voluntario, que coincide con el día que se enviará el cargo a la cuenta anterior es el próximo 26 de junio.
Un saludo

En el texto hay alguna imprecisión (no se trata de un cambio de domiciliación, sino de la domiciliación, sin más, así que tampoco había “cuenta antigua”) y se echa en falta el artículo ante “solicitud de cambio” y una coma en la última línea, tras “anterior”.

El lenguaje empleado en los párrafos primero y segundo es innecesariamente rebuscado y retorcido. Sería mucho más natural y claro algo así: “Hemos recibido su solicitud de cambio de domiciliación bancaria y ya lo hemos realizado”.

Pero lo que hace daño es el “comentarle que” del tercer párrafo. Y mira que era fácil unir este párrafo con el anterior: “Dicho cambio de domiciliación bancaria ya ha sido realizado, pero el recibo de contribución de este primer semestre….”. Y, si no, aún más fácil: “Le informamos de que el recibo de contribución de este primer semestre…”.

En ocasiones se aprecia en el lenguaje administrativo actual una voluntad de superar el viejo estilo, el uso de un lenguaje llano pensado en los receptores. Sería deseable, además, un cuidado exquisito para evitar disparates sintácticos como este. Si alguien tenía dudas, que las olvide: es una incorrección sintáctica. Locutores, tertulianos y personas públicas lo hacen mal con sus insufribles “y decir que…“.

La acumulación de subordinadas en las frases muy largas

Quiero expresar de entrada mi respeto por la voluntad de estilo del autor del texto que me propongo comentar. Escribe así porque quiere, porque se siente cómodo, porque le gusta, porque le apetece impresionar a sus lectores… Supongo que es una opción, que sabe hacerlo de otro modo y que elige este porque es el que mejor se ajusta a su intención.

Debo reconocer que a mí no me gusta. Y conste que, con frecuencia, estoy de acuerdo con las opiniones que el autor manifiesta en la prensa y en la página WEB de Attac-España. Mi discrepancia no es ideológica sino estilística. Pienso que elige un estilo muy poco llano, poco claro, que exige a los lectores un esfuerzo demasiado grande. Tanto que varios lectores habituales de textos de opinión, a los que les he pedido que leyeran el artículo, me han confesado que no lo han terminado.

Veamos el texto:

Navarra sería de facto un escenario distópico fruto del Tejerazo de 1981, en el que los líderes políticos confinados en el Congreso fueron invitados a aceptar un acuerdo tácito por el que se declaraban intocables el sistema monárquico y la unidad indisoluble de España, pasando Navarra desde entonces a ser considerada cuestión de Estado, por lo que cualquier cambio institucional que se pueda producir en el viejo Reyno foral deberá contar con el visto bueno del establishment del Estado español, lo que hará imposible cualquier intento de instaurar un Gobierno alternativo al endemismo recurrente UPN-PSN, tesis refrendada tras el agostazo de 2007 (Pacto fallido PSN-NaBai-IUN) y el marzazo de 2014 (renuncia in extremis del PSN a la presentación de una moción de censura contra Barcina).

Recordar que con el actual Gobierno navarrista de Yolanda Barcina se habría producido una clara sumisión de UPN a los dictados del Gobierno del PP, pues debido a su minoría parlamentaria en la Cámara navarra habría llegado a un acuerdo tácito con el Gobierno central para frenar las leyes que apruebe el díscolo Parlamento navarro mediante el recurso sistemático ante el Tribunal Constitucional, basándose en el artículo 161.2 de la vigente Constitución que señala que “el Ejecutivo central podrá impugnar ante el Tribunal Constitucional las disposiciones y resoluciones adoptadas por los órganos de las CCAA” (de lo que sería paradigma el recurso de la ley foral que otorga al Parlamento la potestad de aprobar los ERE de empresas públicas), lo que de facto ha supuesto el vaciar de contenido las competencias legislativas de una Cámara foral navarra devenida en barco amotinado que navegará sin rumbo fijo hasta las próximas elecciones forales del 2015.

(GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ: “La utopía factible en Navarra”, en Diario de Noticias, 19 de julio de 2014)

¿Por qué digo que el estilo es muy poco llano? Hay dos rasgos claramente conectados -no los únicos- que afectan negativamente a la legibilidad del texto. El primero y más llamativo es la anómala extensión de las frases; el segundo, la acumulación inevitable de subordinadas.

La primera frase, que coincide con el primer párrafo, consta de 125 palabras; la segunda, de 153. Y no es una excepción en el texto. Si accedes al artículo completo, comprobarás que ninguna frase cuenta con menos de 70 palabras (73, 119, 98, 107, 91, 89 y 85). Se trata, por lo tanto, de algo decidido por el autor; es un rasgo de su peculiar estilo. No contraviene ninguna regla gramatical, pero sí todas las recomendaciones de los especialistas en comunicación escrita, que aconsejan no superar las 25 palabras de media. Con frases tan largas, el lector pierde el hilo y se ve obligado a releer o, simplemente, opta por abandonar la lectura si esta no es estrictamente necesaria.

¿A qué responde esta manera de escribir? No he hablado con el autor, así que solo puedo apuntar una hipótesis. Creo que es víctima de una concepción equivocada de la oración gramatical. Se dice, con poco rigor, que las oraciones son “unidades completas de sentido”. El autor lo toma al pie de la letra, de modo que, cuando escribe, no termina la oración hasta que la idea está plenamente expresada. Por eso casi todas las oraciones del texto son, al mismo tiempo, párrafos. Insisto en que se trata de una forma errónea de concebir la oración gramatical. No es lo mismo “unidad completa de sentido” que “cierta autonomía semántica”, que es lo propio de la oración.

El segundo rasgo, íntimamente relacionado con el primero, es la presencia en cada oración de una gran cantidad de subordinadas. En el primer párrafo hay un verbo principal, “sería”, y luego una sucesión de subordinadas encadenadas de distinto tipo: adjetiva, sustantiva dependiente de la anterior (“a aceptar”), adjetiva, consecutiva (“pasando a ser considerada”), consecutiva, de nuevo, adjetiva, otra adjetiva (“lo que…”) y sustantiva (“de instaurar”). La solución estaría en convertir algunas de estas subordinadas en oraciones principales. Por ejemplo, podríamos colocar un punto y seguido tras “indisoluble de España” e iniciar la siguiente frase de este modo: “Navarra pasaría desde entonces a ser considerada…”. La relación semántica sería la misma, pero habríamos roto la unidad sintáctica y logrado frases más cortas.

El segundo párrafo responde al mismo esquema, con la circunstancia agravante de que comienza con el infinitivo “recordar”, algo claramente incorrecto: nótese que es el verbo principal, que debería estar en forma personal. Con colocar delante un “quiero” o un “debo”, el problema estaría resuelto. El que este uso se esté generalizando en la lengua oral no lo convierte en correcto. Por lo demás, el lector se enfrenta a otra sucesión de subordinadas, que se van enlazando: una sustantiva de complemento directo (“que con el actual….del PP”), una causal, otra final que incluye una adjetiva…

Salvo el error del arranque del segundo párrafo, el texto está bien escrito. El autor maneja perfectamente el idioma y, como analista político, demostró su finura, puesto que el tiempo y las recientes elecciones forales han venido a darle la razón. Pero no me gusta su estilo que, en mi opinión, es un serio obstáculo para trasladar el pensamiento del autor a los lectores.