La correlación de los tiempos verbales (1)

Hay quienes son partidarios de un estudio sistemático de la gramática en la Enseñanza Secundaria. Están convencidos de que ello redundará en un mejor uso de la lengua. Algunos tenemos serias dudas. Estamos a favor de una reflexión gramatical que parta del conocimiento implícito que tiene todo aquel que ha aprendido la lengua de modo natural. Hablamos de la “gramática implícita”. Y proponemos aprovecharla en actividades de manipulación, orientadas al refuerzo más que a un conocimiento explícito del código.

No hay gramática descriptiva que recoja todas las posibilidades y los matices que figuran en nuestra gramática implícita.  Hay tantas variables, tantas posibilidades al construir nuestros mensajes, que es casi imposible que una gramática las contemple todas. Y, si eso fuera posible, sería descabellado pretender que el alumnado las estudiara y las aplicara en la práctica. Es más útil confiar en el conocimiento implícito del código y en la acción educativa centrada en las cuestiones más difíciles o dudosas.

Uno de los aspectos más difíciles de sistematizar es la correlación de los tiempos verbales en el interior de la oración gramatical. Curiosamente, es algo que no se enseña, que no figura en los libros de texto y que, sin embargo, hay que corregir con frecuencia. He aquí un ejemplo tomado de una noticia de El País, firmada por Soraya Constante:

“Nosotros levantamos el pueblo”, dice y cuenta cómo poco a poco vieron la necesidad de tener una escuela para sus hijos, una iglesia… Tras insistir mucho consiguieron que sus patrones les donen algunas hectáreas para plasmar sus sueños y poco después los militares, que también poseían tierras en esos lares, les entregaron 30 hectáreas para que levanten el centro poblado que bautizaron como Tundayme por la gran cantidad de tunda que crecía en la zona.
(…)
Entonces el fiscal del caso ordenó su entierro sin identificarlo y sin ninguna investigación, pero cuando se supo quién era, gracias a la búsqueda incesante de la familia, lo desenterraron y descubrieron que fue asfixiado.

No hay errores garrafales; el lector comprende el texto, pero se ve obligado a una relectura para entender con claridad la referencia temporal de los verbos “donen”, “levanten” y “fue asfixiado”.

Lo curioso es que la relación “consiguieron”–“donen” y “entregaron”–“levanten” podría ser aceptable en algún caso. Por ejemplo: “Las autoridades entregaron los permisos para que los vecinos levanten sus casas”. Pero en este caso, mientras “entregaron” expresa una acción pasada y realizada, el verbo “levanten” se refiere a una acción que aún no se ha realizado. Si ya se hubiera realizado, el tiempo requerido sería “levantaran”. Si releemos el primer párrafo de la noticia, comprobamos que “donen” y “levanten” son acciones terminadas. Por lo tanto, la autora debería haber escrito “donaran y levantaran”.

En cuanto a “fue asfixiado”, es obvio que es una acción anterior a “desenterraron” y “descubrieron”. Sin embargo la autora ha seleccionado el mismo tiempo verbal, el pretérito perfecto simple, cuando el castellano dispone de un tiempo idóneo para expresar el pasado de un pasado: el pretérito pluscuamperfecto: “Lo desenterraron y descubrieron que había sido asfixiado”.